Después de tanto tiempo sin hacer publicaciones en este
blog, y al ver la cantidad de visitas recibidas sin que el mismo incluso haya
sido actualizado desde hace más de dos años, he decidido volver a intentar
escribir, y sobre todo ser constante en el mismo. No lo voy a llamar propósito
del 2015, dado que como todos sabemos, los propósitos se han hecho para
incumplirlos.
Tampoco es que haya cambiado mucho desde la primera entrada
que realice, o desde las últimas publicaciones, sigo siendo esa abogada novel
que se sigue enfrentando a los pleitos o a las consultas que plantean los
propios clientes con miedo y suspicacia, al fin y al cabo sigo siendo una
abogada novel, y creo que todos lo seguiremos siendo hasta el día que nos
jubilemos. Como todos sabemos, un abogado nunca deja de estudiar y de aprender.
Esta entrada sirve meramente para plantear esos posibles
pensamientos y planteamientos que me han surgido en el ejercicio de esta
profesión. Dado que no sólo es cuestión de enfrentarte a las situaciones que se
te plantean diariamente con empeño y esperanza, sino que el estado en el que se
encuentra la sociedad actual nos lleva a un estado de desasosiego y despropósito
de lo que estamos realizando. A día de hoy el hecho de que seas abogado no es
una cuestión importante, nuestra profesión se ha desprestigiado, hay muchos
compañeros, y pocos pleitos y más con las tasas judiciales (que daño han hecho…),
pero no sólo es cuestión relevante el concepto social, sino el hecho de cómo
abrirse camino dentro de este nuevo mundo, o como ir sobrellevando todas las
piedras que se ponen delante de nosotros diariamente, siendo esas decepciones
las que generan en nuestro interior una desazón que nos lleva al
replanteamiento de todo lo que estamos haciendo.
He flaqueado muchas veces por creer que el sueño que he
luchado por conseguir siguiera adelante, porque al fin y al cabo el ejercicio
de la profesión que día a día intento sacar adelante es un sueño que hace
muchos años arraigó en mis pensamientos, pero lo que no sabía, o no quise
creer, es que iba a ser tan duro su consecución. No se si lo he comentado
anteriormente, pero a raíz de ello, siempre me acuerdo de la frase de un
profesor de la carrera que nunca he comprendido si lo hizo por ayudarme o por
desanimarme: “Ten cuidado que ese sueño
no se convierta en pesadilla”.
Pero pese a todo, no he abandonado. Porque el propio
ejercicio de la abogacía me gusta. Por supuesto pese a que ya no esté tan
dignificada la profesión como podía estarlo antes, pese a que existan muchos
inconvenientes en que los clientes que en su día confiaron en ti no te paguen
la minuta que te deben, pese a todas esas situaciones escabrosas que te cuentan
en el despacho, y pese a todo, el ejercicio de la abogacía sigue siendo mi
sueño que día a día intento cumplir.
Por todo ello, y por que si pese a todo con las experiencias
de compañeros novatos como yo puede ayudar a alguien, voy a relanzar este
diario de a bordo.
Muchas Gracias por leerme
Raquel
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