miércoles, 21 de enero de 2015

Historia de un abogado novel continúa…


Después de tanto tiempo sin hacer publicaciones en este blog, y al ver la cantidad de visitas recibidas sin que el mismo incluso haya sido actualizado desde hace más de dos años, he decidido volver a intentar escribir, y sobre todo ser constante en el mismo. No lo voy a llamar propósito del 2015, dado que como todos sabemos, los propósitos se han hecho para incumplirlos.

Tampoco es que haya cambiado mucho desde la primera entrada que realice, o desde las últimas publicaciones, sigo siendo esa abogada novel que se sigue enfrentando a los pleitos o a las consultas que plantean los propios clientes con miedo y suspicacia, al fin y al cabo sigo siendo una abogada novel, y creo que todos lo seguiremos siendo hasta el día que nos jubilemos. Como todos sabemos, un abogado nunca deja de estudiar y de aprender.

Esta entrada sirve meramente para plantear esos posibles pensamientos y planteamientos que me han surgido en el ejercicio de esta profesión. Dado que no sólo es cuestión de enfrentarte a las situaciones que se te plantean diariamente con empeño y esperanza, sino que el estado en el que se encuentra la sociedad actual nos lleva a un estado de desasosiego y despropósito de lo que estamos realizando. A día de hoy el hecho de que seas abogado no es una cuestión importante, nuestra profesión se ha desprestigiado, hay muchos compañeros, y pocos pleitos y más con las tasas judiciales (que daño han hecho…), pero no sólo es cuestión relevante el concepto social, sino el hecho de cómo abrirse camino dentro de este nuevo mundo, o como ir sobrellevando todas las piedras que se ponen delante de nosotros diariamente, siendo esas decepciones las que generan en nuestro interior una desazón que nos lleva al replanteamiento de todo lo que estamos haciendo.

He flaqueado muchas veces por creer que el sueño que he luchado por conseguir siguiera adelante, porque al fin y al cabo el ejercicio de la profesión que día a día intento sacar adelante es un sueño que hace muchos años arraigó en mis pensamientos, pero lo que no sabía, o no quise creer, es que iba a ser tan duro su consecución. No se si lo he comentado anteriormente, pero a raíz de ello, siempre me acuerdo de la frase de un profesor de la carrera que nunca he comprendido si lo hizo por ayudarme o por desanimarme: “Ten cuidado que ese sueño no se convierta en pesadilla”.

Pero pese a todo, no he abandonado. Porque el propio ejercicio de la abogacía me gusta. Por supuesto pese a que ya no esté tan dignificada la profesión como podía estarlo antes, pese a que existan muchos inconvenientes en que los clientes que en su día confiaron en ti no te paguen la minuta que te deben, pese a todas esas situaciones escabrosas que te cuentan en el despacho, y pese a todo, el ejercicio de la abogacía sigue siendo mi sueño que día a día intento cumplir.

Por todo ello, y por que si pese a todo con las experiencias de compañeros novatos como yo puede ayudar a alguien, voy a relanzar este diario de a bordo.

Muchas Gracias por leerme



Raquel

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